Una vida atada más...
Era una fría tarde de Diciembre cuando la mirada de aquel hombre encendida y avergonzada miraba a mis ojos y se estremecía de dolor tristemente, mientras su voz relataba acontecimientos repulsivos y no tan olvidados de su vida anterior. El sol aun no yacía bajo el monte, detras de las grandes cristaleras que separaban aquel estupefacto sitio con sabor a olvido del resto del mundo, tan hipócrita y deshonrado como siempre. Siempre tuve la idea de que mi camino había seguido su curso desde mi nacimiento. Nunca tuve la tendencia a decir: Esto no debería de haber ocurrido. Todo lo que ha pasado por mis ojos en cierto modo lo he esperado dia a dia, como si de un deejavú se tratase, aunque a esto se le podría llamar sentido común mas bien, nada de magias ni cosas raras, solo mi inteligencia y mi vista... Un gran estruendo sonó por encima de todo cuando unas manos se golpeaban entre sí, felicitando así a un pobre desgraciado que bajaba casi atemorizado, sentandose así con la mirada perdida en el suelo. Esta vez una mujer, rubia con los ojos claros, al parecer no muy castigada por la vida atendiendo a la edad que cursaba en ese instante, abrio la boca y derramo el peor conjunto de palabras que podria haber nombrado. En efecto dijo mi nombre, así que me levanté sin pensar y me dirijí sobre los micrófonos, uno al lado del otro encima de un soporte de madera con forma triangulada. Había un vaso lleno de agua clara, y fresca a mi derecha. Lo tomé, bebí, y lo volví a dejar en su sitio. Despues de un breve aclaramiento de garganta procedí a hablar diciendo así: Hola ¿que tal? Mi nombre es Carlos y esta es mi histora...